lunes, 10 de septiembre de 2007

Lo que yo viví

Mi vida, no puedo creer que lo que tú pensabas mientras yo estaba de lo más fresca. Ahora voy a relatar lo que me pasó a mí para verte.

Viernes 18h40. Me acababa de bañar en las duchas de mi trabajo, ya estaba limpia, vestida y maquillada. Mi compañera me había dejado las llaves de la oficina para que entrara luego de bañarme, pero de la cerradura de arriba, en la que no confío, ella juró que estaba suave. Pero no.
Yo llevaba mi bolso con el uniforme del trabajo, maquillaje, cepillo, y la puerta no se abría por más que me ayudaron dos compañeros del trabajo, cuando finalmente pude entrar a dejar mis cosas y apagar los equipos, le avisé que ya iba.

A mí tampoco me gusta que me vean llegar. Para mí es terriblemente incómodo que te hagan un estudio minucioso mientras te acercas a alguien. Te sientes desnuda.

Así que me paré afuera del El Español y le avisé que había llegado. El hecho de no mirar la puerta fue intencional, para que tampoco ella fuera escaneada mientras se acercaba.

Cuando me habló con el típico tonito aniñado, me dio miedo tener la responsabilidad de tener que llevarla a un lugar que ni siquiera yo conocía y que no sabía en que podía resultar. Para lavarme las manos le dije que escogiera ella, que yo no iba a hacer nada.

En el camino al bar, la confianzuda esta me puso la mano en la pierna, cuando yo le había dicho que no me gusta que me toquen, pero de todas formas no me molestó, sólo empecé a mirar por la ventana para no estar presionada a tener que responder en alguna forma.

Al llegar al bar, vi que se sintió en Lilliput por el tamaño de las mesas, pero igual se sentó y me empezó a hablar, la verdad no tengo idea de que me dijo, lo he olvidado por completo, creo. Me hizo reír varias veces, nos reímos simultáneamente por el amateurismo de los meseros, aunque me molestó un poquito que dijera que en cualquier otro lugar donde no la atendieran bien se levantaría y se iría, pero bueno, vi como pacientemente aguantó a los cinco meseros que se le acercaron a preguntar que quería y ninguno le traía el trago. Yo no quería tomar nada por mi última mala experiencia con el alcohol, pero para no dejarla tomar sola tuve que pedir vodka, porque no me gusta la cerveza (solo tomé medio vaso). Conversando me pareció linda, me gustó aún más que en todos los días que habíamos chateado por celular y messenger.

Ella me mostraba los mensajes que prometían beso y yo me reía, porque la quería besar pero tenía la mesa de por medio y no sabía si ella quería o sólo me estaba incomodando. Entonces me tocó la cara y fue una clara señal de lo quería así que me incliné sobre la mesa, la halé por la chompa para acercarla y la besé. Como ella dijo fue rarísimo. Yo me le reía porque le decía que no entendía que era lo que quería hacer. Pero igual la volvía a besar, a ver si ya podía descifrar sus intenciones.

Luego de un rato de besos, tomó repentinamente mi celular que estaba en la mesa y que yo no vi encenderse, y lo contestó – claro era Bélica – habló un momento con ella y luego me dio el celular. A Bélica sólo le dije que todo estaba bien y mientras yo hablaba ella fue al baño. Cuando regresó me abrazó y eso me causó sorpresa, pero ya me había besado, que más daba que me abrace. Bélica me pidió hablar con la niña pretenciosa, le di el teléfono y se alejó a hablar con ella, ¿qué le dijo?, sabrá Dios.

Creo que eso es básicamente lo que pasó en la cita, unos besos más y ya me tenía ganada… el resto ya es historia.

1 comentario:

Assai dijo...

Irresponsable! llevas a esta pobre niña de 20 añitos a esos antros!
Jaja y no me vengas con que no me escaneaste, na mas me miraste de pies a cabeza par veces... Que tanto mirabas ah?